 |
El
Primer Automóvil llegó a El Hatillo en 1927
|
 |
(extraído
del Resumen Hatillano
año 1, Nš1 por
Miguel Angel Gonzáles Castro)
Un
niño de 12 años, Felipe Ferráez, y un joven
de 27 años, Pedro Vicente Pino acometieron la proeza de
conducir el primer automóvil en llegar a El Hatillo. El
hecho se cumplió en el año de 1927. Nuestros personajes
a bordo de un Ford partieron por el camino de recuas, cerro arriba,
vía Baruta a El Hatillo. No había carretera pero
el trazado de la trocha era por el mismo sitio del actual recorrido.
Nuestros intrépidos personajes partieron de Baruta a las
5 de la tarde. Uno de los primeros contratiempos que tuvieron
que enfrentar fue el deslizamiento de la ruedas. Lo inclinado
del terreno y la humedad de la hierba, impedían el agarre
de los cauchos. Los tripulantes acordaron, para solventar el problema,
que el más joven, Felipe, fuera acuñando una de
las ruedas traseras, de manera que ésta lograra avanzar
algunos centímetros.
La
odisea duró 7 horas, lo que significa que llegaron a El
Hatillo a las 12 de la noche. Entraron por la calle El Progreso
y bajaron por la de La Paz. Se detuvieron en Las Cuatro Esquinas,
¡por agotamiento de la gasolina...! Entre tanto los moradores
de El Hatillo, sufrían un fuerte impacto al ser despertados
por la bullaranga del Ford «tablitas». ¡El carro
con fuertes explosiones de escape, bajó raudo por la que
en ese momento dejó de ser la calle de la Paz! Los vecinos
no atinaban a dilucidar lo que pasaba. Poco a poco fueron apareciendo
por las ventanas y rendijas de puertas entreabiertas, los ojos
desorbitados de los aterrados hatillanos. Pasado el momento de
estupor, comenzaron a salir a la calle, los más osados,
para enterarse de lo que pasaba. A los pocos minutos el caro fue
rodeado de curiosos, que portando lámparas y velas, alumbraban
el artefacto causante de la alarma y, desde luego, también
trataban de esclarecer las caras de los visitantes.
La
hazaña estaba cumplida, les quedaba ahora por resolver
la manera de llenar el tanque de gasolina, pues el combustible
se había agotado. Buscaron por todas partes y no encontraron.
Sólo les fue dable conseguir una lata de kerosén
marca El Kapitán. En ese momento, Pedro Vicente
Pino, le dijo a su ayudante, -Felipe, con esa lata nos vamos ¡tu
vas a ver!. Y efectivamente, el Ford «tablitas» encendió
su motor y con algunas explosiones de más y otras de menos,
se enrumbó a su lugar de origen. Baruta.

Uno de los primeros automóviles que llegaron a El
Hatillo propiedad del Sr. Nowak, en primer plano(hacia los
finales de los años 30, según Don Tirso Suarez)
-cortesía de Carlos Rodríguez "MatoLaPerra"